Los días 25, 26 y 17 de mayo del 2017, se celebró el X Congreso Internacional de Psicología Jurídica y Forense, llevado a cabo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, España.

 

               El Congreso estuvo a cargo de La Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense (SEPJF), la cual se propone "seguir avanzando en la vinculación de la Psicología Jurídica a la evidencia, y de ésta a la práctica, y de crear redes internacionales de profesionales de la Psicología Jurídica y Forense en los diferentes ámbitos de aplicación. Todo ello con el objetivo de la difusión del conocimiento y las buenas prácticas, además de seguir compartiendo académicos, científicos y profesionales nuevas inquietudes y necesidades a fin de crear nueva evidencia en la que basar el desempeño profesional."

                En representación de Chile, desde el Magíster en Psicología Jurídica y Forense expusieron los estudiantes; Felipe Vega Durán, psicólogo y profesional de Gendarmería de Chile, quien en una mesa de experto compartió su ponencia “Intervención con Agresores Sexuales en Chile: Reflexiones desde el quehacer de la Psicología Jurídica y Forense”, y Karen Calabín Navarrete, con “Agresión y victimización durante las relaciones de noviazgo en hombres universitarios chilenos”. Desde el mismo programa, también participó la académica Beatriz Pérez, con las comunicaciones de  "Agresión y victimización durante las relaciones de noviazgo en mujeres universitarias chilenas", "Percepción de la gravedad de los delitos: Análisis diferencial por género" y "Adaptación chilena preliminar de la Escala de Actitudes de Rol de Género".

               El I Congreso científico de la SEPJF tuvo lugar en Santiago de Compostela y, desde entonces, los congresos anuales han sido organizados en distintas Comunidades de España. Los libros resúmenes de las versiones se encuentran disponibles en el perfil de la SEPJF de Researchgate, en el siguiente link: https://www.researchgate.net/profile/Sociedad_Espanola_De_Psicologia_Juridica_Y_Forense/publications

               A continuación, presentamos algunos resúmenes de las ponencias:

Intervención con Agresores Sexuales en Chile: Reflexiones desde el quehacer de la Psicología Jurídica y Forense
Felipe Vega Durán. Universidad de La Frontera (Chile)

                Chile es una país que durante la última década se ha sensibilizado en materia de delitos sexuales, no sólo en los avances en materia de legislación, sino por la misma reacción de la comunidad, dado su impacto en los diferentes escenarios sociales. 

                Según el informe emitido por la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC), en el mes de mayo de 2013, ubicaba al país en el tercer lugar mundial en la tasa de denuncias por agresiones sexuales, siendo sólo superado por Suecia y Jamaica. Dicha situación preocupante, da cuenta de una problemática a nivel país que está siendo abordada metodológica, técnica y operativamente en forma gradual y reactiva, recién en la última década.

                La institucionalidad a pesar de estar en conocimiento de la naturaleza mediática de este tipo de delitos, comienza a gestionar de forma concreta como política de Estado, en el año 2006, año en que se establece la primera Declaración de la Política Nacional de Seguridad Ciudadana, en que ubica como eje estratégico la Reinserción y la Rehabilitación, en conjunto con la Seguridad y el Control (Ministerio del Interior, 2006). La implementación de cambios en la política penitenciaria, permitiría que la modernización ya no sólo incluyera la construcción de cárceles, sino que se ampliara la mirada al quehacer de las penas alternativas a la prisión en los procesos de reinserción social, siendo exactamente los Centros de Reinserción (Sistema Abierto) los que comenzarían a implementar una intervención diferenciada para los agresores sexuales a partir del año 2014, gracias a la incorporación de la ley 20.603 que modifica las penas sustitutivas a la reclusión, en este caso Libertad Vigilada-Libertad Vigilada Intensiva. De esta manera, la Psicología Jurídica y Forense, proporcionaría las bases teóricas que permitirían definir procesos de intervención focalizados y especializados conforme al perfil de los sujetos y no del delito como se hacían precedentemente. La adscripción al enfoque de RNR (Riesgo-Necesidad-Responsividad) de Andrews y Bonta (2003), basado en la teoría cognitiva del comportamiento y del aprendizaje social, sería el escogido por la institucionalidad como referente.

                La legislación en materia de delitos sexuales de igual manera ha experimentado modificaciones, las cuales se mantuvieron sin variaciones por más de 120 años, desde la entrada en vigencia del Código Penal en 1874. En el año 1999 (Ley N°19.617), y posteriormente en el año 2004 (Ley N° 19.927), se efectuaron importantes modificaciones que representaron un significativo avance en el ámbito penal y procesal, toda vez que se habría mejorado y actualizado la redacción de algunos tipos penales, y se incorporaron figuras penales no previstas en la realidad de los pasados decenios, tales como la pornografía infantil y el aumento en la edad para prestar consentimiento en el ámbito sexual. Junto a estas modificaciones, existen otras leyes no menos importantes, entre las que se encuentran la ley 20.207 del año 2007, la cual introduce una norma especial en materia de prescripción de delitos sexuales contra menores de edad; la ley 20.480 del año 2010 en la cual se agravan los delitos sexuales cuando son cometidos por dos o más personas; la ley 20.526 del año 2011 la cual incorpora el delito de “child grooming”, ampliando el concepto de pornografía infantil virtual y posesión de material pornográfico y finalmente la ley 20.594 del año 2012,  la cual modifica la pena de inhabilitación absoluta para cargos, empleos, oficios o profesionales ejercidas en ámbitos educacionales, creando el registro de aquellas inhabilidades, también conocidos como ley de pedofilia, para finalmente incorporar la ley 20.685 del año 2013, la cual agrava penas y restringe beneficios penitenciarios en materia de delitos sexuales contra menores de edad. (Biblioteca del Congreso Nacional, 2015).

                Estas reformas judiciales, han requerido de una Psicología Jurídica que ejecute procesos rigurosos, sistemáticos y especializados. Para dar respuesta a estas demandas, comienzan a surgir programas de post grados que contribuyan con procesos acorde a los estándares internacionales en la evaluación e intervención. Asimismo, comienza a perfilar su aporte al momento de validar y adaptar instrumentos de tercera y cuarta generación basados en la evidencia, que no sólo aporten valoraciones del riesgo de violencia/reincidencia, sino también, permitan identificar con mayor precisión las áreas más problemáticas en el tratamiento de agresores sexuales tales como: comportamiento sexual desviado, distorsiones cognitivas y funcionamiento social del sujeto. Dichos componentes en la actualidad, no son intervenidos en los recintos carcelarios, estando en deuda su implementación, aun cuando las bases teóricas comienzan en programas implementados en sistemas cerrados (Control de la Agresión Sexual, de Garrido y Beneyto, 1996). De esta manera el componente rehabilitar del sistema carcelario chileno es inexistente, conllevando a que la condena sólo tenga un fin punitivo.

                De esta manera, el contar con evidencia de disminución del riesgo de reincidencia, en el tratamiento de agresores sexuales en el sistema abierto, permitiría a la Psicología Jurídica y Forense ir optimizando las orientaciones técnicas, una vez se extienda su campo de acción a la la población recluida.

Agresión y victimización durante las relaciones de noviazgo en mujeres universitarias chilenas
Beatriz Pérez, Carolina Andrea Orellana, Karen Cabalin. Universidad de La Frontera (Chile)

                Introducción: Durante las últimas décadas, la violencia en las relaciones de pareja ha sido progresivamente visibilizada como problemática social, siendo considerada en la actualidad un problema de salud pública y una violación de los derechos humanos. Este reconocimiento ha favorecido el desarrollo de políticas públicas con la pretensión de proteger y dar voz a las víctimas, como el establecimiento de tribunales o la implementación de leyes específicas. En el caso de Chile, la transformación se inició en 1994, con la instauración de la Ley N° 19.3252 en la que se reconoce la violencia en la pareja como un comportamiento reprochable en el marco de la violencia intrafamiliar -que engloba a todos los miembros de la familia-. Esta ley fue relevada por la N° 20.0663 en el año 2005 con un carácter más represivo para el agresor, descartando la conciliación como medida.

                Los estudios científicos orientados a la detección, medición, prevención e intervención en este tipo de violencia, presentan mayor interés en parejas casadas o convivientes. Por el contrario, la violencia en las relaciones de noviazgo entre adolescentes y jóvenes, muestran un papel secundario en la investigación. A pesar de ello, los trabajos que han tomado como referencia este periodo vital, han determinado valores de prevalencia considerables. Ejemplo de ello es el estudio realizado por Vizcarra y Poó (2009) con población chilena universitaria. Las autoras establecieron una prevalencia de violencia psicológica del 57%, y de violencia física para el 26% de la muestra. Además, otros trabajos han determinado la dificultad de los jóvenes para detectar que se encuentran ante una situación de maltrato, incluso cuando además confiesan sentir miedo hacia su pareja (López-Cepero, Rodríguez-Franco, Rodríguez-Díaz, Bringas y Paíno, 2015). Por otra parte, es habitual que se asuma a la mujer en el papel de víctima frente a un hombre agresor. Esta percepción de asimetría entre géneros se justifica (entre otros motivos) ante la mayor victimización de la mujer frente al hombre cuando se trata de casos de mayor gravedad, pero la literatura ha demostrado que la violencia puede ser bidireccional, que la mujer puede cumplir el papel de agresora y el hombre el de víctima, y que la violencia también se ejerce entre parejas del mismo sexo (Archer, 2000).                 

                En definitiva, la literatura apunta a la necesidad de ahondar en la comprensión de un fenómeno que comienza a manifestarse mucho antes de la formalización de las parejas, considerando el papel de la mujer no solo como víctima, sino también como agresora. Se plantea como objetivo de este estudio determinar la presencia y naturaleza de la violencia en relaciones de noviazgo en mujeres universitarias chilenas.
Objetivo específico 1: Estimar la prevalencia de violencia en el noviazgo autoinformada en una muestra de mujeres universitarias chilenas, desde el rol de víctimas.
Objetivo específico 2: Estimar la prevalencia de violencia en el noviazgo autoinformada en una muestra de mujeres universitarias chilenas, desde el rol de agresoras.
Objetivo específico 3: Analizar la relación entre la percepción de maltrato y el autoreporte de violencia en relaciones de noviazgo en una muestra de mujeres universitarias chilenas.

                Método: Diseño. No experimental cuantitativo descriptivo-correlacional transversal. Participantes. La muestra se encuentra conformada por un total de 360 mujeres universitarias chilenas. La edad de la muestra oscila entre los 18 y 25 años, con una edad media de 20,63. El 51.1 % estudia carreras adscritas a la facultad de educación y ciencias sociales. Todas han tenido relaciones de noviazgo en algún momento de sus vidas, el 99,7% son solteras y el 7% son madres. Procedimiento. Las participantes fueron captadas en las aulas de clase durante horario lectivo. Tras ser informadas de la confidencialidad y voluntariedad del estudio, aquellas que aceptaron participar, firmaron un consentimiento informado previamente aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de La Frontera. Posteriormente las evaluadas respondieron a un cuestionario en una sola ocasión, en el que figuraban los instrumentos utilizados para la realización de este estudio junto con otros. La aplicación tuvo una duración aproximada de 30 minutos. Instrumentos: Cuestionario sociodemográfico ad hoc. Cuestionario de Violencia de Novios Versión Abreviada (CUVINOVA): Este cuestionario evalúa conductas de violencia en relaciones de noviazgo hacia uno y mismo y hacia el otro, a través de 2 escalas de 20 ítems de respuesta tipo likert (Nunca, a veces, frecuentemente, habitualmente, casi siempre) y 5 factores (Coerción, desapego, humillación, físico y sexual). Esta escala presenta en la muestra una buena consistencia interna (alfa de Cronbach= .87) para la escala de violencia hacia uno mismo (victimización), y un alfa de cronbach de .77 para la escala de violencia hacia el otro (agresión). Además se añaden preguntas directas sobre la percepción del sujeto sobre sus relaciones.

                Resultados: Tomando como criterio la tolerancia cero hacia el maltrato (consideramos presencia de violencia cuando las estudiantes informan de una única conducta violenta), el 85,8% de la muestra (n= 209) informa haber sido víctima al menos “a veces” de violencia en el noviazgo. El tipo de violencia que afirman experimentar con mayor frecuencia es el desapego (65,6%, n=236), seguido de la coerción (58,1%, n=209), la humillación (54,2%, n=195), la violencia sexual (26,7%, n=95) y por último, la violencia física (11,1%, n=40). Por otra parte, el 87,5% de las evaluadas (n=315), afirman haber ejercido violencia hacia sus parejas en alguna ocasión. La violencia ejercida en mayor medida es el desapego (68,9%, n=248), después la coerción (60,8%, n=218), la humillación (52,8%, n=190), la violencia física (18,3%, n=66) y finalmente la violencia sexual (9,7%, n=35). A través de la correlación de Pearson (rxy= .663, p<.001) podemos afirmar que existe una relación positiva entre la violencia hacia uno mismo y la violencia hacia el otro, de manera que a mayor violencia sufrida, mayor será la violencia ejercida.
Por otra parte, el 13,1% afirma haberse sentido maltratada en alguna ocasión. A través de la prueba t para muestras independientes, tratamos de averiguar si aquellas que asumen haber sido víctimas, informan de una mayor cantidad y frecuencia de conductas violentas como víctimas y agresoras. Los resultados arrojan que los grupos presentan diferencias estadísticamente significativas con un valor de p<.001 en ambos casos -t(47,8)=-6,420 cuando se trata de violencia hacia una misma, y t(51,1)=-6,397, cuando se trata de violencia hacia la pareja-, siendo la media de conductas violentas más elevado para el grupo que se percibe como víctima de maltrato en ambos casos.

                Discusión/Conclusiones: Los valores de prevalencia sobre la victimización y agresión en la mujer universitaria, nos permiten vislumbrar la existencia de una problemática de gran envergadura que debe ser tratada a edades tempranas. Cuando hablamos de desapego, coerción y humillación, la violencia, más que como una excepción, se perfila como un estilo de interacción en el que la mujer intercambia su papel de víctima con el de agresora. Además, esta violencia aparenta ser vivenciada dentro de los parámetros de la normalidad, si atendemos al escaso porcentaje de mujeres que realmente perciben haber sufrido algún tipo de maltrato. Se completan resultados con un mayor tamaño muestral y se discuten las implicaciones para la prevención y la intervención.

Referencias
Archer, J. (2000). Sex differences in aggression between heterosexual partners: a meta-analytic review. Psychological Bulletin, 126(5), 651-680.
López-Cepero, J., Rodríguez-Franco, L., Rodríguez-Díaz, F., Bringas C., y Paíno, S. G. (2015). Percepción de la victimización en el noviazgo de adolescentes y jóvenes españoles. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 6(2), 64-71. http://dx.doi.org/10.1016/j.rips.2015.04.001
Vizcarra, B. y Poó A. M. (2010). Violencia de pareja en estudiantes universitarios del sur de Chile.
Universitas Psychologica, 10(1), 89-98.

La percepción de la gravedad de los delitos en muestra comunitaria chilena
Beatriz Pérez, Nuria Cuello. Universidad de La Frontera (Chile), Universidad de Oviedo

                   Introducción: La sociedad, impulsada por el dinamismo social, debe adaptarse de manera continuada al progreso (a veces retroceso) promovido por sus miembros. Esto debido a los cambios que se suceden en las costumbres, creencias y códigos de conducta, con el paso del tiempo. El Código Penal debiera ser claro ejemplo de esta evolución, pues le corresponde representar el sentir de los ciudadanos en lo que a la ley se refiere. En consecuencia, son numerosas las actualizaciones sufridas por el mismo a lo largo de los años, de tal manera que se asume que lo recogido por el Código Penal sobre las conductas consideradas como delitos y la gravedad asociada a las mismas, es un fiel reflejo de la opinión pública (Kwan, Chiu, Ip y Kwan, 2002). El Código Penal de la República de Chile, instaurado en noviembre del año 1874, no es ajeno a estas modificaciones. No obstante, a pesar de los esfuerzos por cumplir su función de manera certera, son habituales los intensos debates ante el descontento o desacuerdo, bien sea por lo establecido en el mismo, o por la intención de cambio (Ejemplo de ello es la actual polémica suscitada por la intención de despenalización del aborto). Estas incongruencias, apuntan por un lado a inconsistencias entre lo recogido por el Código Penal y la opinión pública, y por otro a una clara dificultad para la representación de una sociedad heterogénea.

                 La literatura ha demostrado que, cuando hablamos de la valoración de la gravedad de los delitos, responder a las demandas sociales no es tarea fácil. Las categorías sociales a las que pertenecen los individuos afectan sobre sus actitudes y percepciones (Dodge, Bosick y van Antwerp, 2013): Las diferencias interculturales, las prácticas religiosas, el género, las diferencias generacionales, la educación en leyes, etc., han demostrado influir sobre la visión que el individuo tiene acerca de los delitos. Por otra parte, es también sabido que no juzgamos la conducta delictiva por sí misma. Las características de aquellos que cometen estos delitos, como por ejemplo su clase social, género o condición de migrante (Cantarella, 2014; Herzog y Oreg, 2008), afectan a la identidad del crimen construida por la comunidad, medios de comunicación, sistema jurídico y policial (Cantarella, 2014).

                Por todo ello, se platea como objetivo general para este trabajo, determinar la percepción de gravedad sobre una serie de conductas o delitos por parte de una muestra comunitaria chilena, en contraposición con el Código Penal de la República de Chile, tomando en consideración las posibles diferencias generadas por el género de la muestra, y del criminal.
Objetivo específico 1. Establecer una escala sobre la percepción de severidad de una serie de conductas o delitos en una muestra comunitaria chilena, en contraposición con lo recogido en el Código Penal de la República de Chile.
Objetivo específico 2. Determinar la influencia que el género tiene sobre la percepción de la severidad de una serie de conductas o delitos en una muestra comunitaria chilena.
Objetivo específico 3. Determinar la influencia del género del criminal sobre la percepción de la severidad de los delitos de robo, estafa y violencia en la pareja, en una muestra comunitaria chilena.

                 Método: Diseño. La primera fase será de corte cuantitativo de tipo correlacional-multivariado, y la segunda fase será de nuevo cuantitativo, pero de corte experimental. Participantes. La muestra se encuentra compuesta por un total de 147 ciudadanos chilenos localizados mediante muestreo probabilístico por racimos, contando con determinadas zonas geográficas de la ciudad de Temuco (Chile) asociadas a estratos socioeconómicos, como unidad de análisis. El 55.8% (n=82) son mujeres, presentando el total de la muestra un intervalo de edad entre los 18 y los 83 años y una media de 38,6 años. El 42,5% (n=62) afirman pertenecer a clase social baja o media baja, y el 57,5% (n=85) restante a clase social media, media alta o alta. El 40,1%(n=68) presenta educación media, ninguna o básica, mientras que el 59,1% (n=79) restante ha alcanzado educación técnica, universitaria o postgrados. Procedimiento. La recogida de la muestra se realizó en áreas comerciales asociadas a los distintos estratos socioeconómicos. Se solicitó a los transeúntes participar de manera voluntaria y anónima, obteniendo como recompensa la participación en el sorteo de una serie de tarjetas regalo. Tras la firma del correspondiente consentimiento informado previamente aprobado por el Comité Ético Científico de la Universidad de La Frontera, se entregó a los participantes el cuestionario, quienes respondieron en formato autoinforme. Instrumentos. Cuestionario sociodemográfico ad hoc. Valoración de la gravedad de los delitos ad hoc. Se evaluó la severidad de una serie de 15 conductas tomando dos métodos complementarios. Se utilizó la versión simplificada del método de comparaciones binarias de Thurstone propuesto por Ip, Kwan y Chiu (2007), y también se utilizaron ítems en formato diferencial semántico de 5 puntos con la finalidad de que el participante evaluara la gravedad de cada delito con respuestas que van desde “no muy grave” hasta “muy grave”. Además se consultó sobre la cantidad de años de condena que consideraban sería adecuado asociar a cada delito. Cuestionario sobre actitudes ante características del infractor ad hoc. Los participantes evaluaron la gravedad de tres noticias aparentemente reales, mediante una escala Likert de 5 puntos. En una de ellas se narra la comisión de un delito de estafa, en la segunda se narra la comisión de un delito de robo, mientras que en la tercera se narra la comisión de un delito de violencia de pareja. Se crearon diferentes condiciones experimentales en base a la variación del género del criminal. Cada participante fue sometido a una sola condición experimental.

                 Resultados: Mediante la versión simplificada del método de comparaciones binarias, se establecen como conductas de más graves a menos graves: (1) abuso sexual de menores ( = 2.45); (2) asesinato ( = 3.06); (3) violación ( =3.81); (4) maltrato infantil ( = 5); (5) violencia de pareja ( = 6,10); (6) terrorismo ( = 6.43); (7) robo ( = 7.87); (8) aborto ( = 7.94); (9) tráfico de drogas ( = 8.04); (10) vandalismo ( = 9); (11) estafa ( = 9.3); (12) recibir soborno ( = 10.5); (13) eutanasia ( = 10.95); (14) evasión ( =11.02); (15) piratería ( = 12.68). Mediante el segundo método, se obtienen variaciones en este ranking. La técnica estadística Análisis Multivariado de la Varianza (MANOVA) arroja que se encuentran diferencias estadísticamente significativas en la percepción de la gravedad de las conductas presentadas (Lambda de Wilks = .775; F (15) = 2.339; p= .006) en base al género. Estas diferencias son atribuidas a las conductas de aborto, recibir sobornos, terrorismo y violencia de pareja. Por último, en lo que respecta a las diferencias de apreciación de severidad de los delitos en base al género del criminal, no se encuentran diferencias estadísticamente significativas, tanto si estudiamos la presencia de diferencias para la muestra total, como si diferenciamos por género.

                 Discusión/Conclusiones: Los resultados alcanzados determinan la existencia de incongruencias entre el Código Penal de La República de Chile y el sentir de la ciudadanía. Así, por ejemplo, mientras parte de la población aboga por la despenalización del aborto en la actualidad, un alto porcentaje de la muestra de estudio estima que este tipo de conducta debiera ser penalizado con pena de prisión, e incluso con cadena perpetua. Ser mujer presenta una implicación clara a la hora de juzgar conductas directamente relacionadas con este género, ya que aunque las mujeres juzgan ciertos delitos con una gravedad similar a la valorada por los hombres, e incluso con mayor benevolencia para los delitos de terrorismo y el recibo de sobornos, juzgan con mayor severidad el aborto y la violencia de pareja. Por otra parte, el género del criminal, no ha afectado a la valoración de la gravedad de los delitos presentados, pudiendo con ello concluir que la muestra de estudio juzga estas conductas por sí mismas, y no en base a esta condición. Se presentan resultados completos y se discuten implicaciones, contando con un mayor tamaño muestral.

Referencias

Cantarella, F. (2014). Construction of crime and the criminal: pathologies of the Italian legal system. Journal of Modern Italian Studies. 19(5), 528-540.
Dodge, M., Bosick, S. J. and Van Antwerp, V. (2013). Do men and women perceive white-collar and street crime differently? Exploring gender differences in the perception of seriousness, motives, and punishment. Journal of Contemporary Criminal Justice, 29(3), 399-415.
Herzog, S. and Oreg, S. (2008). Chivalry and the Moderating Effect of Ambivalent Sexism: Individual Differences in Crime Seriousness Judgments. Law & Society Review, 42(1), 45-74. doi: 10.1111/j.1540-5893.2008.00334.x
Ip, W. C., Kwan, Y. K. and Chiu, L. L. (2007). Modification and simplification of thurstone scaling method, and its demonstration with a crime seriousness assessment. Social indicators research, 82(3), 433-442.
Kwan Y. K., Chiu, L. L., Ip, W. C. and Kwan, P. (2002). Perceived crime seriousness. Consensus and disparity. Journal of Criminal Justice, 30, 623-632.

Adaptación chilena preliminar de la Escala de Actitudes de Rol de Género
Beatriz Pérez, Joel Jarros, Francisco Javier Rodríguez. Universidad de La Frontera (Chile), Universidad de Oviedo (España)

                 Introducción: Las creencias que los individuos tienen sobre las tareas, comportamientos, rasgos de personalidad, etc., que caracterizan al hombre y a la mujer, han generado los roles de género tradicionales. Estos, y las actitudes que los conforman, sientan las bases para la desigualdad y la discriminación según género, tanto en el ámbito público como privado. Las actitudes proveen la formación de estereotipos que facilitan el desarrollo de violencia en las relaciones de pareja (García-Cueto, Rodríguez-Díaz, Bringas-Molleda, López-Cepero, Paíno-Quesada y Rodríguez-Franco, 2016). El sexismo hostil y/o benevolente, como actitud dirigida hacia los individuos en base a su rol de género, justifica la violencia en las relaciones de pareja, de manera que la mujer se convierte en merecedora de su situación de víctima frente a un hombre agresor (García-Cueto et al., 2015).

                 Por otra parte, en las últimas décadas se atisba una perspectiva más igualitaria, tanto en lo que respecta a las actitudes de las personas, como en lo que se refiere al estudio de la violencia en las relaciones de pareja. En un estudio realizado en EEUU, se establece que en los últimos 30 años se ha originado un cambio sustancial: en la actualidad se valora de manera más positiva el papel de la mujer en el mundo laboral y en la toma de decisiones en la familia (Donelly, Twenge, Clark, Shaikh, Beiler-May, y Carter, 2016). Por otro parte, el meta-análisis realizado por Archer (2002) determina que si bien las mujeres sufren lesiones graves por parte de sus maridos en mayor medida, los hombres también son susceptibles de ser víctimas de violencia de pareja.
Los instrumentos que evalúan las actitudes ante los roles de género tienden a representar las actitudes sexistas hacia la mujer. Ante la necesidad de integrar una perspectiva más igualitaria en la que se considere tanto el hombre como la mujer como potenciales víctimas del sexismo, García-Cueto (2015) y sus colegas desarrollaron la Escala de Actitudes de Rol de Género (EARG). Esta escala trata de medir las actitudes del participante ante los roles de género, mediante un total de 20 preguntas con cinco alternativas de respuesta. Tras el estudio de este instrumento mediante una muestra de 2.136 jóvenes españoles de entre 15 y 26 años, los autores determinan que la escala cuenta con una consistencia interna excelente (alfa de Cronbach = .99). Presenta una estructura unifactorial con valores adecuados para los índices de ajuste. Este factor es bipolar, refiriendo actitudes trascendentes frente a actitudes sexistas.
Se plantea como objetivo general para este estudio, realizar la adaptación chilena preliminar de la Escala de Actitudes de Rol de Género -EARG- desarrollada con población española.
Objetivo específico 1: Identificar la estructura factorial del instrumento.
Objetivo específico 2: Determinar la consistencia interna del instrumento.
Objetivo específico 3: Establecer la validez discriminante de la prueba.

                 Método: Diseño. Este estudio es transversal de corte cuantitativo multivariado. Participantes. La muestra se encuentra conformada por un total de 799 estudiantes universitarios chilenos de entre 18 y 42 años, siendo la edad media de 20,88 años. El 58.8% de la muestra (n= 470) son mujeres. El 85,9% (n= 686) afirma proceder de zona urbana frente a la rural, y el 96.4% (n= 770) afirman ser solteros. Procedimiento. En primer lugar, se procedió a realizar los cambios necesarios en la Escala de Actitudes de Rol de Género -EARG- (García-Cueto, et al., 2015) para adaptar el lenguaje a la cultura chilena. Para comprobar la correcta adaptación del lenguaje, se realizó un estudio piloto con estudiantes universitarios. Tras realizar los ajustes necesarios, se procedió a la obtención de la muestra. Los participantes fueron captados para este estudio en las aulas de clase durante el horario lectivo. Tras informarles del carácter confidencial y voluntario de su participación, los alumnos que aceptaron sumarse firmaron un consentimiento informado aprobado por el Comité Ético Científico de la Universidad de La Frontera. A continuación, se aplicó, en una sola ocasión, este instrumento junto con otras pruebas necesarias para el desarrollo de este estudio, tomando todo el proceso un tiempo aproximado de 30 minutos. Instrumentos. Cuestionario sociodemográfico ad hoc. Escala de Actitudes de Rol de Género -EARG- (García-Cueto, et al., 2015): Esta escala cuenta con un total de 20 ítems tipo Likert de 5 alternativas de respuesta (desde muy en desacuerdo hasta muy de acuerdo). Presenta una estructura unifactorial y en su versión española, cuenta con una consistencia interna excelente (alfa de Cronbach= .99) Cuestionario de Violencia de Novios Versión Abreviada (CUVINOVA): Este cuestionario evalúa conductas de violencia en relaciones de noviazgo hacia uno y mismo y hacia el otro, a través de 2 escalas de 20 ítems de respuesta tipo likert y 5 factores (Coerción, desapego, humillación, físico y sexual). Esta escala presenta en la muestra una buena consistencia interna (alfa de Cronbach= .87) para la escala de violencia hacia uno mismo (victimización), y un alfa de Cronbach de .77 para la escala de violencia hacia el otro (agresión). Análisis de datos. Para comprobar si la estructura factorial de la versión original se ajusta a la muestra, se realiza un Análisis Factorial confirmatorio (AFC) mediante el paquete estadístico EQS. Para la elección del modelo que mejor ajuste presenta a los datos, se valora la significación de los coeficientes estimados. La bondad de ajuste se valora a través del índice de ajuste de carácter absoluto RMSEA (Raíz de Residuo Cuadrático Promedio de Aproximación) y el índice de Ajuste incremental CFI (Índice de Bondad de ajuste Comparativa). La consistencia interna se estudia mediante el programa Factor Analysis.

                 Resultados: Los resultados preliminares indican que el modelo unidimensional propuesto originalmente por García-Cueto et al. (2015) se ajusta relativamente a los datos cuando no se realiza ninguna corrección en tanto que el índice RMSEA es algo superior a .05 (ver modelo 0). A pesar de ser menos parsimonioso, se ha observado que al tener en cuenta la relación existente entre las fuentes de error de los ítems 16 (Algunos trabajos no son apropiados para las mujeres) y 19 (Solo algunos tipos de trabajo son apropiados tanto para hombres como para mujeres) el modelo obtiene índices de ajuste en el límite, aunque aceptables.

                 Discusión/Conclusiones: A través de estos resultados preliminares sobre la adaptación de la Escala de Actitudes de Rol de Género -EARG- , además de ratifica una excelente consistencia interna para la Escala de Actitudes de Rol de Género, al igual que la escala original, podemos establecer que la estructura factorial unidimensional se replica en la versión chilena de este instrumento. El modelo escogido implica la corrección de las fuentes de error resultado de la correlación entre los errores de los ítems 19 y 16. Esto implica que el modelo escogido resulta menos parsimonioso frente al original, pero más estable. Se estima como posible causa de las diferencias con la escala original, el rango de edad de la muestra, pues la original fue validada con una muestra con de entre 15 y 26 años, mientras que la actual presenta un rango de 18 hasta los 42 años. Se espera presentar datos completos con mayor tamaño muestral y discutir implicaciones de una medida de las actitudes ante los roles de género desde una perspectiva más igualitaria.

Referencias
Archer, J. (2000). Sex differences in aggression between heterosexual partners: a meta-analytic review. Psychological Bulletin, 126(5), 651-680.
Donnelly, K., Twenge, J. M., Clark, M. A., Shaikh, S. K., Beiler-May, A. y Carter, N. T. (2016). Attitudes Toward Women's Work and Family Roles in the United States, 1976-2013. Psychology of Woman Quarterly, 40(1), 41-54. doi: 10.1177/0361684315590774
García-Cueto, E., Rodríguez-Díaz, F. J., Bringas-Molleda C., López-Cepero, J., Paíno-Quesada, S. y Rodríguez-Franco, L. (2015). Development of the Gender Role Attitudes Scale (GRAS) among young Spanish people. International Journal of Clinical and HealthPsychology, 15(1), 61-68.doi:10.1016/j.ijchp.2014.10.004